“Convertidos en engranaje de sometimiento, Manejados para mayor engaño por manos de trabajadores vendidos a la tiranía, La revolución democrática que culmina ha prohibido que ningún patrón despida al personal”.
(Proclama de los golpistas sublevados luego de los bombardeos a la plaza de mayo).

En el número anterior habíamos cerrado provisoriamente con la idea de que el Estado puede ser un actor importante en un proceso de cambio pero que, para serlo, en un país periférico, debía arroparse con los ideales del poder constituyente de forma tal de mantener a ese Estado en movimiento, evitando tanto su anquilosamiento como también la naturalización de determinado orden de cosas.

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